Ando muy consternada y un tanto en shock. Ayer me llamó el hermano de mi ex-roomie, para decirme que éste tuvo un accidente en la carretera. Iban a una fiesta de disfrases y no llegaron. La noticia parecia una broma de mal gusto. No había querido ir con ellos a esa fiesta porque estoy hasta las tetas de trabajo, y pensé que era solo una forma de reprocharme. Una de las tantas que se gastan. Pero no, era peor que eso. Conforme me iba contando, se convertía en historia de terror y no de día de muertos. El accidente tuvo daños materiales y espirituales grandes. Murío la pareja de mi amigo y los otros quedaron heridos. Entre las cosas que pensé, además de la situación tan dura que le vendrá ahora que vuelva a su rutina y se de cuenta de la magnitud del hecho. Fue en la fugacidad y la alegría con la que vivío ese noviazgo. Lo breve que puede ser el amor y lo trágico que puede resultar su partida, en todos los sentidos. Tal vez mi sentido de la fatalidad lo haga más grande, o tal vez yo que no he encontrado ese gran amor, me duela en el alma ver que alguien que lo había encontrado hacía poco lo pierda de esta manera. En este caso, no habrá consuelo suficiente para dolor tan grande.