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Miedo

sábado 18 de abril de 2009

"Escribir -medité- debe ser un acto desprovisto de voluntad. La palabra, como la corriente profunda del océano, debe emerger por su propio impulso. Un niño no necesita escribir, es inocente. Un hombre escribe para expulsar todo veneno que ha acumulado a causa de su forma de vida falsa. Trata de recuperar su inocencia y, sin embargo, lo único que consigue (escribiendo) es inocular el mundo con el virus de su desilusión. Ningún hombre pondría palabra alguna por escrito, si no tuviera el valor de vivir lo que cree. Su inspiración se desvía en el origen. Si lo que desea crear es un mundo de verdad, belleza y magia, ¿por qué coloca millones de palabras entre la realidad de ese mundo y él? ¿Por qué aplaza la acción...a no ser que, como otros hombres, lo que desee en realidad sea poder, fama y éxito? <>, dijo Balzac y, sin embargo, pese a haber discernido la verdad, entregó el ángel al demonio que lo poseía". Sexus, H. Miller.


E. me dijo que dejara el miedo a escribir, que ya me sentara a "producir" y le entregara los hallazgos de una vez por todas. Tiempo, tiempo, cosa de tiempo. Y aunque eso de escribir había empezado como un ejercicio terapéutico, liberador y reparador de mi mundo... ahora amenazaba con ser la herramienta principal de trabajo. No entendía cuando B. me había contado, que si no lo hacías una rutina, nunca tendrías la condición necesaria y no fluirían las ideas. No se tornarían en ideas con formas, ni estas formas en transmisoras de sensaciones. Me encontré durante días con esa página en blanco sin poder ser adornada, ya no digamos con novelas, cuentos o historias mágica. Eran críticas propias a un tema, y no podía verterlas allí. Había un pánico escénico intrínseco, que no podía controlar y hacerlo jugar a mi favor. Al final, descubrí el miedo no era a la crítica, era al compromiso. Estaba retomando el camino, hacia algo que me gustaba, con lo que el corazón me volvía a latir. Dentro de un nuevo estado de enamoramiento casi juvenil, donde las mariposas no dejan de revolotear entre los jugos gástricos del momento. La tarea se había convertido en desviar la atención a cosas menos importantes, porque al final del camino, solo yo sé que las cosas que me apasionan luego me aprisionan, si no tengo cuidado. Por que me gusta vivir con el corazón latiendome en la mano. Aunque la sangre la vea tan de cerca y esta me produzca un vértigo indescriptible. Porque sé que puedo dejar la vida en ello, como dicen. Y no logró hacer a un ladito, como se hace a un lado con el pie, la pierna del borracho tirado en la última farra para no pisarlo, o como se esquivan las bofetadas llenas de ira que se ven venir. Y todo por tener miedo a tener miedo, ya solo por esa mala costumbre y no por no poder querer ese nuevo anillo de compromiso.

Entre tanto...

jueves 16 de abril de 2009

y como medio distractor. ¿Vieron Candy Candy? ¡A que sí!, sobre todo si son modelo setentero. Entre las joyas del recuerdo, esta este final italiano. A ver que les parece. Espero se acuerden del final original.


lunes 13 de abril de 2009

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