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Notas de olvido y recuerdos

domingo 22 de febrero de 2009

Hace unos días empecé a leer "La invención de la soledad" de Paul Auster, me atrapó desde el principio el primer relato del libro: "Retrato de un hombre invisible", donde el autor debe enfrentarse a la muerte de su padre. Recolectar sus cosas y encontrarles un destino, ahora que la persona no esta. Pensé tanto en mi padre y en como pasó la muerte de mi abuelo. El encontrarse con que sus cosas ya no serían usadas, no por ese alguien que les daba significado. Significado que a varias generaciones nos regalarían recuerdos para nuestra propia historia.

"Descubrí que no hay nada tan terrible como tener que enfrentarse a las pertenencias de un hombre muerto. Los objetos son inertes y sólo tienen significado en función de la vida que los emplea. Cuando esta vida se termina las cosas cambian, aunque pertenezcan iguales. Están y no están allí, como fantasmas tangibles, condenados a sobrevivir en un mundo al que ya no pertenecen...

Fueron momentos casi oníricos que trajeron a mi mente la imagen de mi padre como protagonista en un primer plano y el lugar de trabajo de mi abuelo peluquero y beisbolista , como ambiente.

"Cada que abría un cajón o metía la cabeza en uno de sus armarios, me sentía como un intruso, un ladrón saqueando los lugares secretos de la mente de un hombre. Tenía la sensación de que mi padre entraría en cualquier momento, me miraría con incredulidad y me preguntaría que demonios estaba haciendo. No parecía justo que no pudiera protestar; yo no tenia derecho a invadir su vida privada".

Y más que la muerte en sí, me tocó más lo que hubiera podido sentir mi padre, que ha sido un hombre corregido y aumentado, en el buen sentido. Un hombre dulce, inteligente y con gran sentido del humor, en medio de ese cansancio de la despedida.

Mi relación con mi abuelo tenía muchos tintes, muchas distancias pero también muchas complicidades. Siempre me molestaba por mi soltería, por mi no maternidad, por mi inestabilidad e intelectualidad, por mi no ser como mis primas: "alguien más normal". Pero también, la última vez que discutimos mi espíritu viajero, que para él no estaba muy bien que digamos. Por que una cosa era viajar para ir a visitarlo, y otra andar viajando solo por conocer el mundo. Uno iba a los lugares para visitar a la gente, decía. Ese día me regalo unos dólares para mi próximo viaje, con el que él por supuesto no estaba tan de acuerdo, me lo dijo haciendo un guiño. Pero bueno, mi abuelo sabe que en el fondo siempre tengo guardado ese vestido blanco, por si un día,...como dice la Tiaré. (Aunque él ya no lo vaya a ver)



2 comentarios:

190.arch dijo...

Este post tuyo me gustó mucho.
Es una de mis preocupaciones fundamentales, qué va a pasar con las cosas que tanto quiero y que tanto me gustan cuando yo ya no esté?
Cuando yo llegué a vivir a esta casa en la que vivo, había una infinidad de cosas de las personas que vivían aquí antes de nosotros, se murieron de inmensamente viejos y nosotros fuimos los afortunados de hacernos de su casa.
Cada vez que abría un cajón, un clóset, una caja, un sobre, me parecía como si estuviera husmeando indiscriminadamente en la intimidad de estas personas.
Como yo también tengo que hacer mi historia, como la hicieron ellos, la verdad es que no vacilé mucho en hacerme espacio y repartir por muchos lados y de la mejor manera posible sus pertenencias.
Si regresaran ahora a la que fue su casa, no la reconocerían.

Pillo dijo...

Ayer platicaba con Jorge sobre mi figura de abuelo que fue formada por mi bisabuelo, de pronto esos señores viejitos le dejan a uno tantas cosas, chale tu post me hizo sentirme un poco triste, yo la neta ni siquiera quiero pensar en esa parte de la muerte de mi padre, la verdad no se si yo podría tirar o regalar sus cosas, sepa tu, que raro no? nacemos y crecemos sabiendo que un día por ley de la vida nos tocará hacerlo y aun asi prefiero no pensar en esedía, que bonito post mija...